Argentina y su mal clima de negocios
La economía argentina ha venido creciendo en los últimos años, pero el clima de negocios continúa lejos de ser recreado y las señales que dan cuenta de un cada vez mayor intervencionismo estatal, como los recientes aumentos en las retenciones a exportaciones agrícolas, poco ayudarán a lograrlo.
Entre los diversos factores que contribuyen a crear y mantener un buen clima para atraer inversiones a los países se destacan la solidez de las instituciones públicas, la estabilidad política, el pleno imperio de la ley, la baja corrupción y la previsibilidad. El flamante Informe sobre el Clima de Negocios, redactado por los departamentos de Estado y de Comercio de los Estados Unidos, agrega algunos otros que inciden negativamente en el ánimo de los inversores con respecto a la Argentina: la manipulación de las estadísticas oficiales, la incertidumbre sobre la inflación y el temor por la falta de energía.
La política monetaria tampoco quedó al margen de la evaluación. Muchos expertos sostienen que mantener un tipo de cambio competitivo y una tasa de interés negativa contribuyen a la expansión económica, pero también a elevar el nivel de inflación.
Según el análisis de coyuntura citado, la inversión extranjera en la Argentina se ve afectada por un sistema regulatorio impredecible que, sumado al esfuerzo del gobierno nacional para controlar tarifas y combustibles, se tradujo en un desincentivo para invertir en el área energética, lo cual provocó los cortes de energía de mediados de 2007, que afectaron la producción industrial.
El informe destaca que la inversión inadecuada en materia energética puede llevar a que la oferta no acompañe el rápido crecimiento de la demanda. Por otra parte, se describe la dificultad de las empresas para acceder a créditos. El financiamiento disponible es en su mayoría de corto plazo, el de largo plazo es limitado y los prestatarios son reacios a tomar créditos a tasas variables.
Otro aspecto que se menciona en el estudio sobre el clima inversor es que “la corrupción del Gobierno y el fraude en los negocios del sector privado son a veces objeto de queja de algunos inversores de los Estados Unidos”. En este sentido, el trabajo recuerda que Transparencia Internacional ubicó en su índice de corrupción a la Argentina en el puesto 108° sobre un total de 180 países y menciona en forma implícita los casos de Skanska y de las empresas de tickets alimentarios. Asimismo, el informe señala que un reciente reporte de la Oficina Anticorrupción (OA) reveló que entre 2002 y 2005 alrededor del 75 por ciento de las contrataciones del Estado fueron hechas por vía directa, sin licitación. Para la OA, los contratos directos facilitan la corrupción.
El informe destaca el superávit fiscal y lo relaciona con el crecimiento, con la mejora en el combate a la evasión y con la creación de impuestos. Señala que cinco años de crecimiento económico por encima del ocho por ciento han atraído considerable interés de inversores estadounidenses y de otros países para explorar las nuevas oportunidades en el mercado argentino. Sin embargo, el estudio advierte sobre las querellas de empresas norteamericanas contra la Argentina en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi), la falta de respeto por las patentes de laboratorios y empresas de semillas, y la piratería en compact disc (CD), DVD y software, en general.
Para regenerar el clima de negocios en la Argentina será necesario respetar la letra y el espíritu de las leyes y entender que el sector privado no es el enemigo ni un ente conspirativo. La atracción de inversiones requiere que existan condiciones en las que los empresarios, independientemente de cuánto estén ganando, tengan expectativas sobre el desempeño de la economía en el mediano y largo plazos, además de considerar las oportunidades que brinda el mercado, las políticas hacia las empresas privadas, el sistema fiscal, el mercado de trabajo y el desarrollo de infraestructura. En definitiva, una visión de conjunto del marco institucional que, en lugar de mostrarse fuerte, se presenta en demasiados aspectos debilitado y subordinado al gobierno de turno.
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