Ahorristas Madrileños con ataque de pánico

Habían comprado productos financieros que fueron a parar a las cajas del quebrado Lehman Brothers. Los bancos españoles no se hacen cargo y hubo protestas.
Las imágenes remitieron de inmediato a las de siete años atrás en la Argentina. Un centenar de ahorristas protestó ayer en Madrid frente a las puertas del Banco de España por la pérdida de sus ahorros, colocados en productos financieros de alto riesgo relacionados con el quebrado banco de inversión estadounidense Lehman Brothers. Los manifestantes, que portaban carteles con la leyenda “¿Dónde está mi dinero?”, alegaron que sus ahorros fueron a parar a productos manejados por Lehman, sin su consentimiento.
La primera concentración de este tipo en España se llevó a cabo frente al Banco de España, y los manifestantes denunciaron que entidades como Banif –filial del Santander–, Bankinter, BBVA, La Caixa, Citibank y Credit Suisse comercializaron bonos y productos estructurados con Lehman Brothers sin informarles que se trataba de operaciones de alto riesgo.
Muchos de los afectados dijeron ser recién jubilados o trabajadores a punto de pasar a retiro que habían adquirido con toda confianza los productos, a instancias del asesoramiento de las entidades financieras. Recién supieron que los productos sólo habían sido comercializados por los bancos locales como intermediarios, y que Lehman era la fuente emisora, una vez que el gigante estadounidense entró en quiebra, el mes pasado.
El debut del grupo de protesta se produjo la semana pasada cuando una veintena de ahorristas se reunió frente a la sede madrileña de la Comisión Nacional de Valores (CNMV) para pedirles a las autoridades investigar la forma en que las entidades españolas comercializaron los bonos del banco estadounidense. Y ayer llevaron a cabo su primera manifestación.
El vocero de la Asociación de Afectados, David García, afirmó que ni el Banco de España ni la CNMV regularon y supervisaron en forma rigurosa las inversiones y la comercialización de los bonos, lo que dejó en una situación de desamparo a los ahorristas, que daban por descontada la garantía de sus fondos. El grupo calculó en 15 mil el número de ahorristas perjudicados, y en 3.000 millones de euros el monto de las inversiones perdidas.
En sus pocos días de vida, la asociación presentó escritos al gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y al presidente de la CNMV, Julio Segura, para exigirles “establecer responsabilidades e imponer sanciones a los bancos comercializadores de productos de Lehman Brothers”.
Incluso comenzaron a abrir blogs en internet para exponer sus quejas y compartir propuestas para hacerse escuchar. El sitio http://baniflehman.wordpress destaca que la Asociación de Afectados “ha comenzado a organizarse, agrupando a sus miembros por regiones y tipo de producto adquirido, para emprender en breve acciones legales contra dichas entidades basándose en la nulidad de unos contratos con ‘información incompleta o sesgada’”.
Un profesor de inglés, que pidió reserva de su identidad, alegó: “Hay gente que invirtió mucho dinero, millones de euros, pero también gente como yo, que no tiene mucho, unos 50 mil euros, pero lo dejó todo en manos de su banco y se equivocó, por desconocimiento”. Mientras portaba una pancarta que rezaba “Defendemos el ahorro de las familias, hoy por mí, mañana por ti y siempre por todos”, el hombre se quejó de la forma en que fue asesorado por un empleado de su banco: “Le pregunté en agosto y me dijo que no se podía vender nada, y ahora no tengo nada”.
Inglaterra se puso en marcha
Inglaterra comenzó ayer a poner en práctica el anunciado rescate a su sistema bancario. El Gobierno británico adquirió una participación en tres de los bancos más grandes por un monto total de 63 mil millones de dólares. La inyección de capital se concretó en el Royal Bank of Scotland (RBS), el Halifax Bank of Scotland (HBOS), y en el Lloyds TSB. Éstos se suman a los ya nacionalizados Northern Rock y Bradford & Bingley.
El RBS recibirá capitales frescos por un total de 35 mil millones de dólares; de ese monto, un cuarto se inyectará directamente en el banco como parte del plan general de rescate, y el resto se obtendrá mediante la emisión de acciones nuevas. En el caso del HBOS se ampliará el capital en unos 20 mil millones de dólares, y en el Lloyds el aporte será de 9.300 millones de dólares.
El primer ministro británico, Gordon Brown, prometió “poner fin a las recompensas por el fracaso” al asegurar que no habrá gratificaciones para los ejecutivos de los bancos que reciban fondos públicos.
En las próximas semanas asistiremos a momentos de alzas y bajas de las cotizaciones bursátiles, tal como viene ocurriendo en los últimos días y semanas. El asunto es que a cada medida que toman los gobiernos se estimulan determinadas conductas de los inversores. Ahora existe satisfacción por la decisión de los principales decisores en el ámbito mundial. Por un lado, Estados Unidos anunció su voluntad de comprar acciones de bancos capitalizando a dichas entidades para sostener a las entidades financieras y reactivar el mercado del crédito en un país en que el crédito representa el 140% del PIB (contra el 9% en la Argentina): hay que entender la importancia fundamental que tiene el crédito en Estados Unidos para contrarrestar la recesión. Es posible que estemos asistiendo al final del ciclo de “financiarización” del capital global que por más de dos décadas instaló la Reserva Federal. Pero el secretario del Tesoro de Estados Unidos manifiesta a los demás países capitalistas desarrollados que asistan a sus sistemas financieros, pero que no descuiden el proyecto estratégico de apertura y liberalización de la economía. Ése es el programa de fondo. Hacen intervenir al Estado para salvar sus pérdidas y luego retomar el camino de la iniciativa privada. No hay cambio de modelo sin un proyecto alternativo sustentado por un sujeto político actuante en los países capitalistas desarrollados. No es eso lo que aparece en Estados Unidos, Europa o Japón. Se trata de un momento de profunda crítica al modelo hegemónico aplicado en los últimos treinta años, pero no queda claro si existe fuerza política e ideológica que pueda modificarlo.
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