Corea del Norte jaqueado por el hambre
Apremiado por una crisis alimentaria que amenaza a sus casi 23 millones de habitantes, el régimen comunista de Corea del Norte cedió en su aislacionismo y estiró la mano en busca de ayuda. Pero el alivio, jaqueado por un proceso de desnuclearización al que le restan varios pasos y por las nubes que enturbian las relaciones con Seúl, podría tardar en llegar.
“Corea del Norte está ansiosa por progresar en la cuestión nuclear, porque necesita normalizar sus relaciones diplomáticas con Estados Unidos”, había anticipado semanas atrás Suh Jae-jean, director de estudios norcoreanos del Instituto para la Unificación Nacional, con sede en Seúl. “Sin la ayuda de Estados Unidos, no tiene esperanza de progresar económicamente.”
En efecto, Corea del Norte aún no se ha recuperado de una devastadora hambruna que en la década del 90 fulminó al 10% de la población, y la ONU advirtió que este año el país comunista, víctima de recurrentes inundaciones, podría producir la peor cosecha desde 2001. Además, según un reciente informe de Unicef y del Programa Mundial de Alimentos, cerca del 40% de los niños sufren desnutrición crónica.
Pese a la emergencia humanitaria, el régimen de Kim Jong Il niega las hambrunas y, aunque depende de otros países para alimentar a su población, con frecuencia rechaza la ayuda extranjera. Pero este año la situación se ha vuelto tan delicada que no tuvo más opción que enviar un gesto de buena voluntad a Washington, que en mayo ya había reanudado el envío de alimentos.
Pero los beneficios económicos del anuncio de Washington podrían tardar en llegar. Al ser eliminado de la lista negra del Pentágono, el régimen podrá aspirar a obtener créditos de organismos como el FMI, pero para ello aún debe dar signos más contundentes de su desnuclearización y, lo que es más improbable, muestras de apertura. Además, el régimen comunista también es blanco de sanciones por parte de otros países, y la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, adelantó ayer que “casi todas las restricciones” que se levantarán al país por ser retirado del Acta de Comercio con el Enemigo “continuarán con otras leyes y regulaciones norteamericanas”.
En tanto, las relaciones con Corea del Sur, uno de los principales proveedores de alimento, no atraviesan su mejor momento, y en Seúl dudan de que el anuncio implique el fin del plan nuclear de su vecino.
“Lamentamos que Corea del Norte no haya dado información detallada de sus armas nucleares”, señaló el canciller surcoreano, Yu Myung-han.
La tensión entre Seúl y Pyongyang, que había cedido durante 10 años de gobiernos progresistas en el Sur, resurgió en febrero, cuando asumió la presidencia surcoreana Lee Myung-bak, un conservador que había prometido endurecer la postura con su vecino comunista hasta que hubiera muestras terminantes de la desnuclearización. Desde entonces, el enfurecido gobierno del Norte, que califica a Lee como un “traidor”, ha ordenado una serie de ejercicios militares que elevaron la tensión. Y, además, se ha negado a recibir alimentos y fertilizantes del Sur, fundamentales para evitar una nueva tragedia.
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