El fin de una era: Chau bancos de inversión

Goldman Sachs y Morgan Stanley, los últimos grandes bancos de inversión independientes de Wall Street, se transformarán en empresas bancarias sujetas a regulaciones mucho mayores, según anunció la Reserva Federal, hecho que modifica de manera fundamental la época de altas finanzas que definió a la Edad Dorada moderna.
Fueron las propias empresas las que pidieron el cambio, aun cuando el Congreso y el gobierno de George W. Bush negociaban la aprobación de un paquete de rescate para las empresas financieras por un total de 700.000 millones de dólares. Fue un abierto reconocimiento de que su modelo de finanzas e inversiones se había hecho demasiado riesgoso y de que necesitaban el respaldo de los depósitos bancarios que habían mantenido relativamente a salvo del reciente caos a los grandes bancos comerciales, como el Bank of America y JP Morgan Chase.
El anuncio también significa un drástico cambio cultural de Wall Street, con sus bonificaciones de siete cifras y sus generosos honorarios extra, incluso para los ejecutivos de línea media. En la práctica vuelve a estructurar Wall Street de la manera en que era antes de que el Congreso aprobara, durante la Gran Depresión, la ley Glass-Steagall, que diferenciaba a los bancos de inversión de los bancos comerciales.
Al convertirse en empresas bancarias, estas firmas se someten a regulaciones mucho más estrictas y a ser supervisadas por inspectores de diversas agencias gubernamentales, en vez de responder solamente a las observaciones de la Securities and Exchange Commission (SEC). Ahora, estas firmas se asemejarán más a bancos comerciales, con mayor transparencia, mayores reservas de capital y menos inversiones riesgosas.
Durante décadas, empresas como Morgan Stanley y Goldman Sachs florecieron gracias a que asumían riesgos mayores con su propio dinero, usando con frecuencia enormes cantidades de deuda para incrementar sus ganancias, con muy poca supervisión externa.
Eran la envidia de Wall Street: dominaban los negocios más lucrativos de la industria y asesoraban a empresas y a gobiernos de todo el mundo sobre posibles fusiones, ofertas de acciones y reestructuraciones.
Pero ese modelo tan audaz quedó destruido en las últimas semanas, cuando los inversores perdieron toda confianza en la manera como hicieron esas apuestas durante el reciente boom crediticio, cuando invirtieron con gran aplomo en títulos esotéricos cuyos riesgos no podían comprenderse fácilmente.
Durante varios días de angustia, los clientes empezaron a retirar su dinero, el valor de las acciones se desmoronó y todas las empresas de estos bancos quedaron al borde de la quiebra.
A cambio de someterse a mayores regulaciones, las empresas tendrán acceso a todo el espectro de las facilidades crediticias de la Reserva Federal. Eso debería ayudarles a evitar la misma suerte de Lehman Brothers, que declaró la quiebra la semana pasada, y de Bear Sterns y Merrill Lynch, que accedieron a ser adquiridos por grandes bancos.
Morgan Stanley anunció ayer que había firmado una carta de intención para vender hasta el 20% de la empresa al gigante bancario japonés Mitsubishi UFJ Financial Group. Mitsubishi tiene más de un billón de dólares en depósitos bancarios, que contribuirán a reforzar la estabilidad de los fondos de Morgan.
Titanes de las finanzas
Hace apenas un año, los bancos de inversión, los titanes de las finanzas globales, consideraban que la regulación bancaria era una cruz que debía eludirse a cualquier costo. Los bancos comerciales deben someterse a restricciones respecto de cuánto dinero pueden pedir prestado y de qué tipos de operaciones pueden realizar.
Como empresas bancarias, ambos bancos, cuyas acciones han perdido alrededor de la mitad de su valor este año, tendrán que reducir la suma de dinero que pueden pedir prestada, adaptándola proporcionalmente a su capital. Eso les dará mayor solidez financiera, pero también limitará significativamente sus ganancias.
A Goldman Sachs y Morgan Stanley les llevará tiempo transformarse en bancos plenamente regulados porque no pueden reducir rápidamente la cantidad de dinero que piden prestada en proporción a sus activos. La Reserva Federal y la SEC han enviado inspectores a los bancos de inversión desde el mes de marzo para proporcionar a los reguladores un conocimiento profundo de sus operaciones.
“Creemos que Goldman Sachs, con la supervisión de la Reserva Federal, será considerada una institución aún más segura, con un balance excepcionalmente limpio y gran diversidad de fuentes de fondos”, declaró anteanoche el presidente de Goldman, Lloyd C. Blankfein.
John J. Mack, presidente de Morgan, señaló: “Esta nueva estructura bancaria asegurará que Morgan Stanley se encuentre en la posición más sólida posible, con la estabilidad necesaria para aprovechar las oportunidades en el cambiante mercado financiero”.
Para reforzar su capital, en los últimos días, Morgan Stanley ha mantenido conversaciones con varios bancos. Con la transición para operar como empresa bancaria, es probable que esas conversaciones se orienten en otra dirección, dado que ahora Morgan Stanley está en condiciones de comprar un banco comercial.
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