El zar brasileño se preocupa, ya todo no es carnaval

La bolsa de San Pablo, Bovespa, marcó ayer el tono del peor día para la economía brasileña desde el 14 de enero de 1999, seis días después de la feroz devaluación del real ocurrida bajo el segundo gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Con una pérdida bursátil de 9,36%, el dólar disparó a 1,97 reales lo que revelaba ayer una fuerte salida neta de capitales extranjeros invertidos en acciones y títulos públicos brasileños. Un reflejo inmediato de esa situación fue la intensa fuga de dólares, que ya la semana pasada había totalizado más de 2.800 millones de dólares.
Ayer, la rueda de negociaciones debió ser interrumpida por media hora, luego de haber llegado a hundirse 13,7%. Eran las 16.30 y nadie sabía cómo habría de terminar un día negro para los mercados financieros de todo el mundo.
El presidente Lula da Silva no pudo contener su preocupación. Ayer reunió de emergencia al equipo económico y a sus técnicos en comercios exterior y agricultura. Con ellos evaluó la magnitud de los terremotos financieros en el mundo y el fracaso del paquete de 700 mil millones de dólares, que no pasó la votación en el Congreso de Estados Unidos. Según informaron en el Palacio del Planalto, Lula quería saber concretamente qué impacto tendrán las turbulencias sobre las exportaciones de Brasil al resto del mundo y, especialmente, en la afluencia del crédito internacional cuya escasez ya comienza a poner en dificultades a una cantidad significativa de grandes empresas brasileñas.
Ayer se supo que otra de las firmas comprometidas por el manejo financiero deficiente, apostar a un valor de dólar futuro que ya no condice con la realidad es la Suzano, una de las mayores papeleras brasileñas y del mundo. Le sigue a otras dos que evidenciaron problemas, una alimenticia y una compañía minera.
En su programa semanal de radio Café con el Presidente, Lula Da Silva volvió a reiterar que la crisis norteamericana tendrá un impacto relativo sobre Brasil.
Subrayó que la economía real brasileña está fortalecida y que si bien el país va a ser golpeado por la crisis, no sufrirá tanto como algunos otros países centrales, menos fuertes.
“Estoy convencido que si debiéramos pasar por un apriete, éste será pequeño”, dijo el jefe de Estado.
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