Grande Deus!!!

Brasil hizo hallazgos masivos de petróleo por 30.000 millones de barriles. El ritmo de crecimiento de la productividad supera 3% anual. Lula optó por seguir un camino de estabilidad . Tiene un ingreso per cápita superior al de India y China . Inflación es de 6.5% y el gobierno actúa para reducirla. Lula tiene alta popularidad pese a que subió la carga tributaria
Brasil suscita comentarios en todo el mundo, debido a que avanza a ritmo incontenible sobre la base de políticas coherentes que ha aplicado el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y los enormes recursos naturales que tiene. Supera a India y China.
El espectro de los crecientes precios de los alimentos y los combustibles ahora amenaza destruir una era de prosperidad global sin antecedentes, con dos excepciones notables: Brasil y Canadá. Los dos países producen y exportan suficientes alimentos y combustibles no sólo para contrarrestar las peores presiones inflacionarias globales, sino también para convertir el pico de precios de amenaza en bendición. Son las únicas dos grandes economías, en las que los precios no han quebrado el límite superior de la meta inflacionaria del Banco Central. Y, de los dos, Brasil es por lejos el caso exitoso más sorprendente. El país que sufrió quizás el período de hiperinflación más largo y debilitante de la historia reciente, ahora es una isla de relativa estabilidad y prosperidad. La inflación de Brasil se sitúa en 6.5%, una tasa que preocupa a quienes trazan las políticas monetarias, pero gracias al celo de éstos, se sitúa en el menor nivel entre los principales mercados emergentes.
La suerte ha ayudado. Brasil es bendecido con vastos recursos, incluyendo madera, agua, oro y los yacimientos de mineral de hierro más grandes del mundo. Las tierras para agricultura se extienden de horizonte a horizonte y mientras la mayor parte del mundo se queda sin tierras cultivables, Brasil tiene más de 70 millones de hectáreas todavía sin arar. Por un lado, tiene reservas de agua en profundidad y, por otro, ha anunciado hallazgos inmensos de petróleo que pueden totalizar 30.000 millones de barriles, el mayor descubrimiento en el hemisferio occidental en tres décadas. Para los brasileños, que en otros tiempos decían en broma que “Brasil es la tierra del futuro, y siempre lo será”, esta fortuna es un impacto serio. “Brasil ha tenido otros momentos interesantes, pero este es extraordinario”, señala Otávio Vieira, director ejecutivo de banca privada en el Banco Safdie, de propiedad suiza, que ha visto crecer su portafolio en 150% desde 2006.
Si bien las materias primas y los bienes semiterminados todavía significan dos tercios de los ingresos brasileños de exportaciones, pocos países han hecho tanto para desarrollar su riqueza natural, ya sea en minería, energía o agricultura. Brasil casi ha duplicado la producción de granos en la última década y es el único país que produce biocombustibles a costo razonable, sin afectar su despensa de alimentos.
Lo mejor es que la economía se ha acelerado sin recalentarse. Hay otros grandes mercados emergentes que crecen más rápido, pero países como India y Rusia tienen inflación de dos dígitos, mientras China se encuentra a un paso de ese peligroso umbral.
Ninguna nación emergente se ha movido con tanta anticipación e inteligencia como Brasil para alejar el cáncer de la inflación, como quedó en evidencia el mes pasado cuando el Banco Central incrementó la tasa básica por tercera vez en el corriente año.
Esto ocurre después de cincuenta años de errores colosales. La economía de posguerra pasó por momentos de auge y caída tan alocados que los brasileños llamaron a esos ciclos “el vuelo de la gallina”. Antes del Plan Real -la reforma económica estabilizadora de 1994- los brasileños tuvieron que capear 15 años consecutivos de inflación de tres dígitos. “Fue el período más largo de hiperinflación de la historia moderna”, afirma el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles.
Una y otra vez, en lugar de reformas sólidas, el gobierno respondía con planes inapropiados y congelamiento de precios que sólo derivaban en aguda escasez, huelgas, agitación social y nuevos golpes de hiperinflación que dejaban a la moneda nacional sin valor.
Los restos de ese proceso están en exhibición en el lugar donde se acuñan monedas en las afueras de Rio de Janeiro: hay cruzeiros, nuevos cruzeiros, cruzados, nuevos cruzados, y cruzeiros orlados con héroes nacionales, flora o fauna, cada uno más bonito que el anterior, aunque todos ahora han quedado en el olvido.
ACCION. En 2001, la economía de Brasil era estable, pero se encontraba casi adormecida. Ese año, Jim O`Neill, economista jefe de Goldman Sachs, introdujo la sigla BRIC, para describir a Brasil, Rusia, India y China, los mercados emergentes que esperaba impulsaran la economía internacional para mediados de siglo. La gente se reía por la inclusión de Brasil. “Me decían que había puesto la B en BRIC para que sonara mejor”, recuerda O`Neill.
En 2002, Brasil parecía dirigirse hacia otra crisis. La economía estaba chata, los precios crecían y un combativo ex dirigente sindical que utilizaba palabras gruesas para referirse al mercado libre, iba a asumir el gobierno. Pero, Luiz Inácio Lula da Silva actuó con sagacidad, jugando para la platea de sus compañeros del izquierdista Partido de los Trabajadores, pero también dialogando con los empresarios, inversores extranjeros y los bancos. Lula no es un renegado. Frenó las privatizaciones que eran el sello distintivo del gobierno anterior y pese a su fabulosa popularidad, no ha consagrado ninguna gran reforma, ya sea del deficitario sistema de seguridad social o de la estructura partidaria afectada por corrupción. Incrementó la ya agobiante carga tributaria, de 34% a 36% del PIB.
Sin embargo, desde el comienzo, ha seguido un camino medio sin vacilaciones, convirtiéndose en el imprevisto paladín de la estabilidad económica. Designó a Meirelles, ejecutivo de BankBoston, para presidir el Banco Central, y obligó a los burócratas a reducir los gastos y forjar excedentes año tras año. Contra los gritos de protesta de la izquierda, la industria y su propio Vicepresidente, respaldó las duras medidas del Banco Central. Mientras muchos países en vías de desarrollo enfrentan la inflación mediante stocks de alimentos y congelamiento de precios, Brasil se anticipó a los picos globales de precios de los alimentos y los combustibles, incrementando la tasa básica tres veces este año para llevarla a 13 por ciento, una de las más altas del mundo.
El compromiso de Brasil de combatir la inflación señala el final de una historia de malos comienzos. En la década de los `50, cuando la bossa nova se escuchaba en todo el mundo, el ambicioso presidente Juscelino Kubitschek hizo una serie de obras públicas monumentales para que el país creciera “50 años en sólo cinco”. Brasil tuvo un auge, pero también los precios.
A comienzos de los `70, el milagro brasileño vio un crecimiento del PIB de doble dígito bajo las órdenes de los gobernantes militares, creando el escenario de la hiperinflación.
“Hace 15 años surgió un gran debate sobre lo que se debía hacer”, señala Albert Fishlow, académico especializado en temas de Brasil, de la Universidad de Columbia. “Hoy, el 90% de los economistas básicamente coincide y la gente se sienta a hablar de estrategias para el desarrollo, en lugar de buscar milagros”.
DIVERSIDAD. El nuevo consenso existente en Brasil marca el final de cinco siglos de dominio estatal de la economía y el surgimiento de una nueva economía de libre mercado. En 2007, Brasil tuvo un récord de 75 ofertas públicas iniciales en la Bolsa de Valores, siendo superado sólo por China, a medida que empresas, incluyendo las de etanol y destilerías, así como las del sector tecnológico, reunieron ríos de dinero.
La Bolsa de Valores en sí, conocida como Bovespa BM&F, comenzó a cotizar y reunió US$ 3.700 millones, una de las ofertas públicas iniciales más grandes de 2007. Ahora, el mercado bursátil de San Pablo ha eclipsado al gigante banco de desarrollo estatal Bndes como fuente de dinero para nuevos negocios, lo que constituye un símbolo revelador de un país que todavía lucha por pasar de una situación de control estatal a una democracia de mercado.
La creciente competencia del mercado actúa como defensa contra el retorno de la inflación. La que en otros tiempos fue una somnolienta nación rural, ahora tiene una de las economías más diversificadas del mundo en vías de desarrollo, que exporta mineral de hierro, acero y soja, pero también pequeños jets comerciales, servicios financieros, ómnibus, papel fino y equipamiento para aire acondicionado.
Hace tres años, Embraer superó a la canadiense Bombardier para convertirse en el principal fabricante mundial de jets comerciales de tamaño mediano. Ahora, la belga-brasileña InBev está en posición de ser la principal elaboradora de cerveza del mundo, después que cerró el acuerdo para adquirir al gigante estadounidense Anheuser-Busch, a mediados de julio.
La economía globalizada ha ayudado a impulsar el crecimiento de la productividad a más de 3% anual desde 2002 y ahora se acelera. El crecimiento de la productividad es lo que permite a un país lograr ganancias, sin aumentar los precios. Brasil es el principal exportador mundial, no sólo de café, sino también de soja, carne, azúcar, etanol y pollos congelados.
PUNTOS DÉBILES. Brasil todavía está en período de reparaciones. La burocracia, una infraestructura deteriorada, un sistema de salud pública caótico y analfabetismo amenazan la competitividad del país.
El desempleo se situó, en julio, en 8.1%, lo que constituyó un leve aumento en relación con junio, cuando fue del 7.8%, de acuerdo con el informe difundido por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística. De cualquier manera, es inferior al nivel de 9.5% que se registró en julio de 2007.
Con niveles de popularidad característicos de una estrella de rock, Lula tiene el poder para impulsar las reformas que Brasil necesita. Hasta ahora, con el viento a favor, no se ha tenido que preocupar. Pero, jugarse a la suerte y no a las reformas no es un plan de negocios en la economía global.
En el caso de Brasil, puede ser la diferencia entre levantar vuelo o simplemente seguir planeando en el viento.
You must be logged in to post a comment.