La Europa económica sufre onda expansiva

La onda expansiva de la crisis de Estados Unidos sacudió ayer con extrema violencia a Europa, donde los gobiernos de Gran Bretaña, Alemania, Bélgica, Holanda, Luxemburgo e Islandia debieron nacionalizar bancos que estaban al borde de la quiebra para evitar el derrumbe en cadena del sistema financiero del bloque.
En forma simultánea, el Banco Central Europeo (BCE) tuvo que inyectar 172.000 millones de dólares suplementarios en el sistema para aportar liquidez a unos 240 bancos asfixiados por la crisis, que habían pedido ayuda para enfrentar las condiciones de crédito extremadamente tensas en los mercados monetarios interbancarios.
A pesar de esas operaciones de salvataje, que fueron insuficientes para tranquilizar el nerviosismo de operadores y pequeños ahorristas, todas las bolsas europeas cayeron en forma estrepitosa.
La tormenta financiera, considerada la crisis más grave de la posguerra y probablemente desde la Gran Depresión de 1929, tradujo la desconfianza que suscita el plan de salvataje por 700.000 millones de dólares negociado por la Casa Blanca y rechazado en el Congreso de Estados Unidos. El impacto de las nacionalizaciones fue tan fuerte desde el punto de vista financiero como psicológico, por tratarse de países que desde hace más de 30 años se mantenían fieles al dogma liberal de no intervencionismo.
Las tensiones habían comenzado, en realidad, anteayer, cuando los tres países del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo) nacionalizaron parcialmente el gigantesco grupo belga-holandés Fortis. Esa intervención, destinada a evitar la quiebra, exigió un desembolso de 16.185 millones de dólares. Fortis había quedado seriamente debilitado después de haber pagado 34.600 millones a fines de 2007 para comprar una parte del gigante AMB Amro.
La inquietud se agravó ayer a primera hora cuando el gobierno británico anunció por su parte la nacionalización del sector préstamos inmobiliarios de Bradford and Bingley (B&B), financiera de ahorro y préstamo en el Reino Unido. El sector bancario de B&B, a su vez, fue comprado ayer en una operación relámpago por el español Santander en 2400 millones de dólares, suma sensiblemente inferior al precio real de esa institución. (Sumando el B&B a la red de Abbey, comprada en 2004, y Alliance & Leicester -A&L-, adquirida en julio, Santander controla ahora 10% del ahorro británico y una red de 1300 sucursales con una cartera de 24 millones de clientes.)
En febrero pasado, el gobierno británico se había resignado a efectuar la nacionalización del Northern Rock, primer prestatario de créditos inmobiliarios, que corría el riesgo de declararse en bancarrota.
Temores en Alemania
Con la caída de B&B “quedó cerrada la lista” de instituciones amenazadas por la crisis, según estimó la Asociación de Banqueros Británicos (BBA). En Alemania, el banco Hypo Real Estate (HRE), muy comprometido en la crisis de subprimes de Estados Unidos, escapó a la quiebra gracias a una oportuna línea de créditos por valor de 50.500 millones de dólares, de los cuales el gobierno garantiza 39.000 millones. Pero esa intervención no disipó los temores que suscita el sector financiero alemán.
“Puede haber otras evoluciones”, reconoció Ulrich Wilehlm, vocero de la canciller Angela Merkel. Con una medida similar, el gobierno de Islandia aprobó una partida de casi 900 millones de dólares para nacionalizar el 75% del patrimonio del banco Glitnir.
El mandatario francés, Nicolas Sarkozy, que ejerce la presidencia rotativa de la Unión Europea (UE), apoyó las medidas adoptadas por los gobiernos del bloque y señaló que “hay que sostener a los bancos”. Al mismo tiempo, anunció que en los próximos días se realizará en París una reunión de líderes europeos para acelerar los preparativos de una cumbre destinada “a fundar las bases de un nuevo sistema financiero internacional”, como anticipó la semana pasada durante su intervención ante la Asamblea General de la ONU.
Bajas récord
Las turbulencias que azotaron el sector financiero arrastraron a la mayoría de las plazas bursátiles europeas, que cerraron con bajas récord. La Bolsa de París, que se replegó en 5,04%, perdió en una sola jornada todas las ganancias acumuladas desde mayo de 2005. Londres a su vez terminó con una caída de 5,30%, Francfort cedió 4,23% y Bruselas retrocedió casi 8%. También cayeron estrepitosamente Milán (-4,98%), Ginebra (4,63%), Madrid (-3,88), Viena (-7%) y Amsterdam (-7%).
Sin embargo, la crisis no parece haber terminado porque anoche el banco franco-belga Dexia se encontraba en el ojo de la tormenta. Los gobiernos de París y Bruselas seguían de cerca la reunión convocada por el Consejo de Administración del banco después de una ola de rumores incontrolables que hicieron caer su acción 28,50% en una sola jornada.
La filial norteamericana de Dexia, FSA, está muy expuesta en el sector de “títulos tóxicos” de la crisis de subprimes . Después de haber asegurado al mediodía que “el banco es sólido”, el Consejo de Administración se mantuvo reunido hasta la medianoche. Sin esperar los resultados de esas deliberaciones, el ministro belga de Finanzas, Didier Reynders, y su homóloga francesa Christine Lagarde se declararon dispuestos a “intervenir en caso necesario”.
Los ejecutivos del banco trabajaban en la hipótesis de un aumento de capital de 11.500 millones de dólares. Parte de ese capital podría ser aportado por Francia y Bélgica.
Alarmado por el giro de los acontecimientos, el primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo (formado por los ministros de europeos de Economía), apeló enérgicamente a “terminar con esta ruleta” financiera. El nerviosismo se advertía particularmente en el sector de la Place de la Bourse -pulmón financiero de París- y en el barrio de la Défense, donde tienen su sede las grandes empresas de Francia y numerosos edificios permanecieron en vigilia.
Los grandes bancos y los responsables financieros de las empresas monitoreaban febrilmente la evolución de la crisis en Estados Unidos a fin de definir las posiciones que tomarían hoy a la apertura de las operaciones en Europa.
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