Las dos caras de Corea del Sur tras el ‘milagro’ económico

Written on 19 May 2008 – 21:55 pm | by Diego Dattoli |

 Perderse por las calles estrechas del inmenso mercado de Namdaemun, en pleno centro de Seúl, es como emprender un viaje al corazón de Corea del Sur. En manzanas y manzanas de locales improvisados, rodeadas por rascacielos y hoteles cinco estrellas, se puede comprar desde pescado fresco o ginseng hasta tecnología de punta o la camiseta de Lionel Messi. Allí conviven los frutos de una economía exitosa y globalizada con las férreas estructuras de una sociedad tradicional que se esfuerza por adaptarse a los tiempos que corren.

Y es que, si bien en apenas 35 años de “milagroso” crecimiento Corea del Sur se convirtió en una de las 11 economías más desarrolladas del planeta, en muchos otros aspectos su sociedad dista de las más industrializadas del mundo, como en sus niveles de corrupción, el papel de la mujer o las actitudes hacia la globalización.

“Es necesario mejorar la eficacia del sistema político y educativo. Si se compara con el sector económico-corporativo, es muy ineficiente”, dijo a LA NACION Kim Kyong-dong, un sociólogo de la Universidad Nacional de Seúl, autor del libro Cambio social en Corea .

Entre los inconvenientes que afectan a la democracia se encuentran el sistema de partidos y la apatía del electorado, pero el mayor problema, según el analista político Lim Sung-hack, es que “cada gobierno pierde su legitimidad y credibilidad no bien asume el poder”. En la mayoría de los casos eso se debe a la corrupción.

“Debemos esforzarnos para aumentar la transparencia. Aún sufrimos de irregularidades y prácticas corruptas en la política, las empresas y el sector público”, agrega Kim Kyong-dong. Los escándalos de financiamiento político ilegal son recurrentes y derivan del fuerte papel que desempeñan en la economía coreana los chaebols , los grandes conglomerados familiares.

El caso Samsung

El más resonante ocurrió hace apenas unas semanas, cuando Lee Kun-hee, el presidente de Samsung, la compañía más grande del país, renunció después de 20 años, acosado por cargos de corrupción. Los fiscales acusaron a Lee de evasión de impuestos, pero lo liberaron de los cargos de sobornos, lo que fue visto como un encubrimiento.

La ineficiencia política también se debe a que el sistema democrático sólo fue instaurado en 1987, en una sociedad que en menos de un siglo experimentó cambios fuertes y acelerados. Pasó de ser un imperio de ideología neoconfuciana a colonia japonesa, sufrió una guerra fraticida, que la dividió en dos, y tuvo un gobierno autoritario que puso en marcha un modelo orientado a la exportación que en tres décadas transformó a una sociedad agrícola en una economía hiperindustrializada.

El rápido proceso de industrialización, así como el de urbanización, vino acompañado por drásticos cambios demográficos típicos de los países industrializados: un aumento de la esperanza de vida y una caída récord en la tasa de natalidad, que es una de las más bajas del mundo.

El crecimiento, sin precedente en el mundo, ubicó a Corea del Sur en el puesto 11 entre las economías más poderosas del mundo. El PBI per cápita supera los 20.000 dólares y el país tiene uno de los índices de desarrollo humano más altos del mundo.

Sin embargo, según señala el sociólogo Yee Jaeyeol en un artículo de The Korea Herald , “tres de cada cuatro coreanos no creen que Corea del Sur sea un país avanzado”. Es que los cambios culturales toman más tiempo que los demográficos y económicos y, en muchos sentidos, en la sociedad coreana siguen arraigados los valores tradicionales del neoconfucionismo, que se reflejan en el autoritarismo y en el papel de la mujer. “La mujeres todavía tienen una posición relegada, si bien eso ha cambiado mucho”, señala a LA NACION Bárbara Bavoleo, profesora de historia coreana de la Universidad del Salvador y de la UBA, y becaria del Conicet.

“En los 80, había universidades sólo para mujeres en las que se enseñaba economía doméstica. Es decir, se les enseñaba a ser amas de casa”, añade Bavoleo. Hoy ocupan un lugar cada vez más importante, pero su participación en los sectores privado y público dista mucho de otros países desarrollados y su presencia en la política es casi nula. Según distintos sondeos, aún predomina en la sociedad una mirada muy conservadora de los roles familiares: aunque la mujer trabaje a tiempo completo, sigue subordinada a su marido.

La relación de los coreanos con la globalización y el multiculturalismo también está marcada por valores tradicionales, como el fuerte nacionalismo y el orgullo por la homogeneidad étnica del país. Estos valores comenzaron a ser cuestionados con el rápido crecimiento de la inmigración, principalmente china, pero también norteamericana, filipina y japonesa.

La alarma se disparó en agosto, cuando un informe de la ONU indicó que en el país es frecuente la discriminación contra quienes no son ciento por ciento coreanos. “Nuestra sociedad necesita actitudes más tolerantes hacia la gente de otros países y adaptarse al emergente multiculturalismo”, afirmó Kim Kyong-dong.

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