Uruguay: resignación y alerta en el gobierno

En la Bolsa de Montevideo, tres ahorristas se apoyaban en la barra y le hacían señas a su corredor. Buscaban salir de una serie de bonos y comprar otra. “Todo por unos pesos locos, pero por lo menos para no morir con los ojos abiertos”, decía uno. “El gobierno hoy evitó una suba mayor del dólar, pero creo que es buen momento para comprar a este precio”, dijo, mientras miraba la pizarra, llena de flechas hacia abajo y cotizaciones en rojo.
El presidente Tabaré Vázquez analizó ayer con todo el Consejo de Ministros la evolución de la crisis internacional y su impacto en Uruguay, sobre la base del informe que hizo el ministro de Economía, Alvaro García.
Ayer, el Banco Central salió otra vez a vender dólares en el mercado para frenar el alza del tipo de cambio. No tuvo que intervenir con volúmenes tan importantes como el jueves pasado, porque ayer entraron en vigor las medidas de política monetaria restrictiva que acotaron el manejo que hacían algunos operadores.
El informe presentado por Economía tuvo como eje los siguientes puntos: no se puede descuidar el impacto de la crisis, que no ha tocado fondo; el sistema está mejor preparado que en ocasiones anteriores para enfrentar el temporal, y el golpe previsible está en la dinámica de la economía por crédito, inversiones, producción y exportaciones.
Resulta evidente que la crisis financiera es de una complicación tal que Uruguay no podrá quedar ajeno, ya que los esfuerzos multimillonarios de los gobiernos de Estados Unidos y de Europa por frenar la propagación no dan resultado en el corto plazo y es de esperar que las turbulencias sigan. Por eso, coinciden en el gobierno, no es posible determinar el alcance del fenómeno internacional y el impacto final en la región y en Uruguay.
Frente a esto, el Banco Central ha acumulado reservas suficientes como para operar en el mercado y mantener estabilidad de la moneda y del sistema en general. El sistema bancario, en tanto, presenta buenos indicadores de solvencia y de liquidez. Por el lado del público no se han registrado movimientos que muestren un contagio de desconfianza y que se expresara en retiros de colocaciones.
Por el lado de la economía real, lo que se esperar es una desaceleración de las exportaciones y, por lo tanto, del ritmo de crecimiento de la economía. En las ventas al exterior influirá la contracción de demanda y también una baja de precios de los productos exportables.
Como contrapartida, la esperada caída en los precios internacionales de alimentos repercutirá en una tasa de inflación más baja que la actual. El último dato del IPC dio una tasa de inflación de los últimos 12 meses del 7,46%, cuando el rango objetivo del gobierno es del 3% al 7%, con intención de que se ubique en el centro de esa banda.
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