El alza de precios de los productos tendrá impacto en el tiempo

Los mercados de productos básicos están en auge. Los precios de muchos de estos productos -los del petróleo, el níquel, el maíz y el trigo- han alcanzado niveles récord en los últimos meses a pesar de la turbulencia en los mercados de crédito y la desaceleración de la actividad en muchas economías avanzadas. Estos entre otros factores hacen pensar que los altos tiempos pueden tener un “impacto duradero”.
Desde que los precios del petróleo comenzaron a aumentar a principios de 2002, un motivo de preocupación en muchos sectores han sido los posibles efectos adversos de los altos precios del petróleo en la economía mundial. Los analistas y las autoridades económicas han evocado la situación de los años setenta y la estanflación -es decir, un período en el que coincidieron una producción por debajo de la capacidad y un aumento de la inflación- que se produjo después del llamado primer shock de los precios del petróleo.
En retrospectiva, hasta el momento los efectos adversos de los altos precios del petróleo en el crecimiento mundial y la inflación han sido menos significativos de lo previsto.
Estos efectos limitados reflejan varios factores. Esta vez el aumento de los precios del petróleo está impulsado por la demanda en lugar de la oferta, a diferencia de los años setenta, cuando los picos de los principales precios estaban relacionados con perturbaciones de la oferta. Dado que el firme crecimiento empuja al alza la demanda de petróleo, los aumentos de los precios del petróleo son un tipo de estabilizador automático: limitan pero no contrarrestan el impacto positivo del shock básico que impulsa el crecimiento mundial. Por analogía, el mismo argumento se aplica a los aumentos de los precios de los productos básicos.
En segundo lugar, aunque el aumento de los precios del petróleo ha incrementado los costos de producción y ha ejercido presión al alza sobre los precios globales, el impacto inflacionario en las economías avanzadas se ha limitado en general a la inflación global. A diferencia de los años setenta, en los últimos años la inflación básica no se ha visto mayormente afectada, porque el fortalecimiento de la credibilidad de la política monetaria ha anclado las expectativas de inflación, especialmente en las economías avanzadas. En comparación con ese período, las presiones sobre los costos también se han moderado gracias a la reducción del uso intensivo de energía en la producción en las economías avanzadas y la mayor flexibilidad del mercado de trabajo.
Es posible que el impacto sea más duradero, dado que en 2007 el rápido aumento de los precios del petróleo coincidió con el de los alimentos. Esto obedece en parte a los incrementos muy significativos de estos precios en los últimos meses; y su impacto en la inflación global probablemente persistirá durante gran parte de 2008, aunque no se produzcan nuevos aumentos.
El impacto del aumento de los precios de los productos básicos en el crecimiento mundial y la inflación no es el único motivo de preocupación. El alza a gran escala de los precios de estos productos puede aumentar las vulnerabilidades externas de los importadores netos de productos básicos de mediano y bajo ingreso a través del deterioro de sus balanzas de pagos. En este sentido, la ampliación gradual del auge de los precios de los productos básicos hacia los metales y los alimentos ha ayudado a muchas economías emergentes y en desarrollo a compensar los efectos adversos del alza de los precios del petróleo a través del aumento de los precios de sus exportaciones netas de estos productos (véase el mapa). Los términos de intercambio relacionados con estos productos básicos también han estimulado los ingresos reales, la demanda interna y el crecimiento.
Implicaciones de política
El auge actual de los precios de los productos básicos ha planteado nuevas cuestiones de política. Desde una perspectiva multilateral, los esfuerzos de política deberían centrarse en asegurar el funcionamiento eficiente del mercado a nivel mundial porque los mercados de muchos productos básicos están muy integrados. En el mercado del petróleo, por ejemplo, las prioridades de política deberán garantizar el traslado oportuno y completo de las variaciones de los precios del petróleo a los precios al usuario final y mejorar los incentivos para la conservación de energía del lado de la demanda. Ello contribuirá a que la demanda de petróleo sea más elástica a los precios, lo que podría reducir el alcance de la volatilidad de los precios del petróleo en respuesta a las fluctuaciones de la demanda o la oferta. Del lado de la oferta, la reducción de los obstáculos y la incertidumbre política con respecto a la inversión en el sector petrolero y los metales podría contribuir a acelerar el fortalecimiento de las capacidades.
En los mercados de los principales productos agrícolas, las políticas que garantizan un uso eficiente y realista de los biocombustibles y desalientan el proteccionismo contribuirán a reducir los precios del maíz y los aceites comestibles. Las políticas actuales en Estados Unidos y en la Unión Europea deberán ajustarse considerablemente, dados los subsidios de gran alcance y la preferencia por la producción interna, aunque sea relativamente ineficiente.
Por ejemplo, las estimaciones parecen indicar que el etanol de Brasil derivado de la caña de azúcar es menos costoso de producir (en términos equivalentes de energía) que la gasolina o el etanol basado en el maíz producidos en Estados Unidos. Además, el etanol derivado de la caña de azúcar produce el 91% menos de emisiones de gases de efecto invernadero por kilómetro recorrido que la gasolina, mientras que los efectos medioambientales del etanol basado en el trigo y el maíz con respecto a la gasolina son poco significativos. Por lo tanto, la política óptima sería permitir el libre comercio de biocombustibles e incorporar los costes de las emisiones en los precios de todos los combustibles.
Además de las políticas que pueden mejorar el funcionamiento de los mercados mundiales de productos básicos, una de las principales preocupaciones de política es cómo mitigar el impacto del aumento de los precios de los alimentos y los combustibles en los hogares pobres. Varios países, preocupados por razones de seguridad alimenticia, han adoptado medidas proteccionistas, que tal vez hayan agravado la situación en el mercado mundial. En cambio, los países deberían considerar las transferencias en efectivo destinadas a los hogares más pobres, o los subsidios temporales a algunos alimentos consumidos por este grupo, si la primera opción no es posible. Del mismo modo, en lugar de otorgar subsidios internos generales a los combustibles, que tienen un costo fiscal considerable, fomentan el consumo excesivo de energía y tienden a beneficiar de forma desproporcionada a los hogares más ricos, muchos países exportadores de petróleo deberían reducir el efecto de los altos precios de los combustibles en los hogares pobres a través de redes de protección social bien focalizadas.
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